SAntiago de compostela

SANTIAGO DE COMPOSTELA

Apenas amaneció volé hasta la ciudad. Las calles estaban poco concurridas tan de mañana. Recuerdo las casas blasonadas y los pétreos soportales como un laberinto que obstaculizaba la consecución de mi anhelo.

Seguí apresuradamente a unos canónigos que divisé a lo lejos. Les di alcance y al volver una esquina ¡Me topé con la catedral! Mis pasos, de golpe, se detuvieron. Sentí que los pies no me respondían, trabados como estaban en el suelo. Tras un largo rato de contemplación logré caminar un poco. Mi pensamiento andaba desbocado. Sólo la idea de buscar la Puerta del Perdón me proporcionó una tarea con un propósito coherente. Pregunté y me indicaron. Pronto me vi jalonando la Puerta Santa y entrando en el Templo.

Mi idea ya era sólo una, buscar la imagen de Nuestro Señor Santiago. Enseguida apareció delante de mí y caí rodilla en tierra sostenido a duras penas por mi recio bordón y lloré; lloré de gratitud, de emoción y de alivio. El tiempo que pasé allí postrado no lo sé, ni tampoco lo que pasó a mí alrededor. En un momento dado subí unas escaleras y me fundí en un abrazo con el Apóstol al tiempo que decía:

«Amigo, encomiéndame a Dios»

Al punto comenzaron a agolparse en mi mente los recuerdos, las promesas, las vivencias del Camino. Tuve presente a mis amados padres, a mi piadosa esposa y a mis queridas hijas. Recé con fuerza por todos ellos.

Recordé la bendición de Roncesvalles y a Renato el andarín; La estancia en Pamplona, las sensaciones de Santa María de Eunate y al taciturno Marco; Las penalidades de San Juan de Ortega; A Fray Braulio; El frío de Burgos; La hospitalidad de Pedro y sus parroquianos en Sahagún; El ensueño de la catedral de León, la primavera en el Bierzo, la aventura de Ponferrada, la niebla de los Ancares, la inmensidad de Samos…

Al tiempo un sentimiento de gozo iba conquistando mi espíritu hasta hacerlo rebosar. Supe entonces que no me equivoqué cuando salí de Arlés, que el Camino más te enseña, cuanto más preguntas. Comprendí, que la vida, aunque a veces no lo parezca, tiene un sentido y que yo…, yo había sido un valiente.

En todo tiempo los hombres y mujeres han pensado que les ha tocado vivir el momento más crítico de la historia pero, en medio de ellos, siempre hay quien ha conseguido sacudirse esta pesada losa y lanzar su pensamiento a la búsqueda de nuevos horizontes. El camino convoca a los buscadores de sueños, a los valientes, a los que no les importaría descarrilar para encontrar su verdadero sitio en este mundo. Dicen que no hay caminos maravillosos, sino caminantes maravillados.

¡Ojalá tengáis la oportunidad de dejaros modelar por la magia del Camino! Para los que ya habéis hecho el Camino, para los que soñáis con hacerlo, para los que no os lo habéis planteado, pueden servir estos versos del P. Fermín Mieza; toda una invitación:

Déjate volar el alma no la enjaules en el pecho,

el azul dale por techo y larga senda por calma.

No admite camino estrecho amor que a todos se da,

que ni es de aquí ni es de allá;

romero del firmamento,

como el pájaro y el viento cantando a la vida va.

¡BUEN CAMINO!

Galicia. Santiago de Compostela. Pórtico de la Gloria