El Camino: Imágenes, sonidos y sentimientos

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Hay caminos en la vida y la vida es un camino. Desde el comienzo de los tiempos los seres humanos se han esforzado por encontrar el suyo. Unos lo buscaron en las estrellas, otros siguieron el rastro de héroes o santos.

Desde hace siglos el Camino de Santiago convoca a los buscadores de sueños. Lo que hacemos nos hace. La ruta jacobea ha moldeado, a través del tiempo, caracteres y  ciudades, ciñendo a tierras y peregrinos con un lazo de acendrada hermandad

  • El Camino tiene IMÁGENES: Ermitas, espadañas, catedrales; cruceiros, barrancos y abadías; campos llanos, arboledas y torrentes.
  • En el Camino hay SONIDOS: Alamedas que se agitan, vientos recios; Monjes que cantan siguiendo las horas, Repiqueteo de bordones en el enlosado. Campanas y campanillos; pasos que se acercan y se alejan.
  • El Camino provoca SENTIMIENTOS: De gozo y melancolía; de piedad y misericordia de zozobra, luz y angustia de paz y reconciliación.

Ahora vamos a recorrer el viejo camino francés a Santiago de la mano de un peregrino acompañado por un trovador, les invito a vivir o revivir con ellos las sensaciones del camino y del caminante.

EL PEREGRINO

Me llamo Teobaldo de Arlés pero, no os engañéis, mi nombre sólo es un símbolo. Podéis llamarme Juan, Dominique, Martín o María. Represento a todos lo que me han precedido y a los que vendrán después que yo. Soy un peregrino más a Santiago, con mis ilusiones y con mis miedos.

Nací en Arlés, en el alto Ródano, donde vivo dedicado al comercio y tratamiento de la madera.

Me casé, tengo dos hijas y un hogar feliz y confortable. Tengo que decir, no obstante, que en medio de mi ordenado negocio y pensamiento, anidaba una brizna de locura que, contra todo consejo, me llevó a embarcarme en la aventura del Camino.

Hice testamento, concedí poderes de administración a un hermano muy próximo y habiendo enterrado ya a mis padres, a finales del mes de Septiembre me despedí de mi mujer e hijas e inicié el viaje.

No me preguntéis que buscaba pues no lo sabía, esperaba encontrar la respuesta en el Camino.

No seguí la ruta tradicional, que desde Arlés conduce hasta Somport, pues una deuda de gratitud y una promesa realizada a mi padre me llevaron a Navarrens, donde residía un anciano que favoreció mucho a mi familia en tiempos adversos. Le encontré aún vivo y mi visita le  llenó de consuelo. Desde Navarrens me dirigí a Roncesvalles.

EL TROVADOR

Mi nombre es Diego de Santamaría. Diego por mi Abuelo y Santamaría por la ciudad de mi naturaleza que ahora llaman Carrión de los Condes. Tuvo especial empeño mi madre en que fuese recibido en el Monasterio de San Zoilo donde me enseñaron latines y gramática. Pero yo…, yo lo que verdaderamente apreciaba eran las lecciones de música. Un monje joven me enseñó el arte de adobar las cuerdas de la vihuela y a tañerla. Desde entonces se ha hecho para mí una compañera inseparable.

Nací y me crié en el corazón del Camino. Desde niño los peregrinos ejercieron sobre mí una especial fascinación. Los he visto pasar día a día y año a año; En tiempos de helada y de canícula; Ricos, pobres, cuerdos, delirantes…, pero puedo decir que siempre, al cruzar mi mirada con las suyas, advertí en sus ojos un destello de trascendencia, una chispa de eternidad. He acompañado a muchos de ellos compartiendo sus afanes y alegrando sus noches con mis canciones. En una ocasión llegué a Santiago. Me he esforzado en plasmar en mi música las sensaciones y los sentimientos vividos a lo largo de tantas jornadas de Camino. Hoy acompaño a Teobaldo, Teobaldo de Arlés, que camina con buen ánimo porque sus pies acaban de pisar la tierra del Apóstol.

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